Un poco de historia.
Toda acción tiene su historia y la nuestra no podía ser menos.
Para conocer los comienzos de la experiencia de aplicación de la CIF en los centros de Polibea hay que remontarse hasta hace bastantes años. Nos tenemos que situar en el año 1990 cuando la doctora Jesusa Pertejo, encabezando el grupo RACIM, puso en marcha una experiencia de aplicación de la clasificación internacional antecesora de la actual CIF: la Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías CIDDM. Bajo los auspicios del, entonces, Real Patronato de Prevención y de Atención a Minusválidos (en la actualidad Real Patronato sobre Discapacidad) se gestó una sencilla aplicación informática en MSDos, acorde con los tiempos, que pretendía ser una herramienta para aplicar esta extensa clasificación, dando la posibilidad de observar progresos o deterioros de la población con discapacidad atendida en centros.
Con el nombre de "Alcamí" este programa fue paseado por sus creadores en distintos foros, tanto nacionales como internacionales, y ofrecido a un buen número de centros para su aplicación y ensayo. Entre esos centros se encontraban los que gestionaba Polibea. Por lo que ese hito es el precedente lejano de la experiencia que más de una década después se ha puesto en marcha en el año 2005.
El precedente cercano hay que encontrarlo en una serie de conversaciones entre José Félix Sanz (alma de Polibea y su cabeza visible) y Carlos Egea (uno de esos entusiastas que lleva siguiendo la estela de los trabajos de clasificación de la discapacidad de la Organización Mundial de la Salud desde hace muchos años). Todo terminó cuajando en una cita en Albacete (punto intermedio entre Madrid, donde José Félix reside, y Murcia, punto de parada de Carlos). El día escogido fue el martes 1 de febrero de 2005 y contó con la presencia de Alicia Sarabia (también experta en el seguimiento de las clasificaciones de la OMS).
En torno a una mesa de café se pergeñó la estrategia a seguir para poner en marcha una experiencia que condujera a la aplicación de la CIF en los centros de Polibea. A ella se sumaría un reducido número de profesionales de Polibea que servirían de avanzadilla para el resto de sus compañeros. Lo primero era hacer una actividad formativa que proporcionara los rudimentos en cuanto a conceptos y terminología de la CIF para este grupo.
Cumplida esta formalidad, aprovechando la mañana de un sábado, se pasó a la siguiente fase: estudio y aplicación de la CIF a un caso de Polibea. La anónima usuaria que sirvió de referencia, llamémosla Carmen, fue analizada bajo el prisma de la Clasificación de la OMS en reuniones semanales. Cada tarde de miércoles, en horario de 16:30 a algo más de las 18:30, el ordenador era el nexo de unión entre el grupo Polibea y su asesor en Murcia. Los 400 kilómetros de distancia se salvaban mediante el uso de las modernas tecnologías de la comunicación que proporciona la conexión a través de Internet mediante vídeoconferencia.
La consigna era no tener prisa, pero nunca desistir. Con la serenidad que proporciona el convencimiento de que se estaba gestando un proyecto de largo alcance, se fueron sucediendo las conexiones semanales hasta que a mediados del mes de junio de 2005 se concluía la aplicación, completa, de la CIF a un caso de Polibea. En este intervalo hubo tiempo, incluso, para que todo el grupo de Polibea visitara y se reuniera en Murcia con Carlos Egea para poder tener un contacto más cercano y prolongado que vitalizara el proyecto.
El trabajo no se cerraba a las reuniones semanales. Entre tanto se daban pasos para crear una aplicación informática abierta que hiciera las veces de herramienta facilitadora para aplicar la CIF. El gestor de bases de datos más difundido en los paquetes ofimáticos, MSAccess, serviría para generar la aplicación y los trabajos de desarrollo corrían a cargo de Leandro, el informático que se sumaba como un nuevo elemento a este grupo.
La llegada del verano impuso un forzado receso en los trabajos, que habrían de retomarse una vez recuperada la normalidad tras el periodo estival.
Pero esas ya son otras historias que habrá que contar en otro artículo.
Para conocer los comienzos de la experiencia de aplicación de la CIF en los centros de Polibea hay que remontarse hasta hace bastantes años. Nos tenemos que situar en el año 1990 cuando la doctora Jesusa Pertejo, encabezando el grupo RACIM, puso en marcha una experiencia de aplicación de la clasificación internacional antecesora de la actual CIF: la Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías CIDDM. Bajo los auspicios del, entonces, Real Patronato de Prevención y de Atención a Minusválidos (en la actualidad Real Patronato sobre Discapacidad) se gestó una sencilla aplicación informática en MSDos, acorde con los tiempos, que pretendía ser una herramienta para aplicar esta extensa clasificación, dando la posibilidad de observar progresos o deterioros de la población con discapacidad atendida en centros.
Con el nombre de "Alcamí" este programa fue paseado por sus creadores en distintos foros, tanto nacionales como internacionales, y ofrecido a un buen número de centros para su aplicación y ensayo. Entre esos centros se encontraban los que gestionaba Polibea. Por lo que ese hito es el precedente lejano de la experiencia que más de una década después se ha puesto en marcha en el año 2005.
El precedente cercano hay que encontrarlo en una serie de conversaciones entre José Félix Sanz (alma de Polibea y su cabeza visible) y Carlos Egea (uno de esos entusiastas que lleva siguiendo la estela de los trabajos de clasificación de la discapacidad de la Organización Mundial de la Salud desde hace muchos años). Todo terminó cuajando en una cita en Albacete (punto intermedio entre Madrid, donde José Félix reside, y Murcia, punto de parada de Carlos). El día escogido fue el martes 1 de febrero de 2005 y contó con la presencia de Alicia Sarabia (también experta en el seguimiento de las clasificaciones de la OMS).
En torno a una mesa de café se pergeñó la estrategia a seguir para poner en marcha una experiencia que condujera a la aplicación de la CIF en los centros de Polibea. A ella se sumaría un reducido número de profesionales de Polibea que servirían de avanzadilla para el resto de sus compañeros. Lo primero era hacer una actividad formativa que proporcionara los rudimentos en cuanto a conceptos y terminología de la CIF para este grupo.
Cumplida esta formalidad, aprovechando la mañana de un sábado, se pasó a la siguiente fase: estudio y aplicación de la CIF a un caso de Polibea. La anónima usuaria que sirvió de referencia, llamémosla Carmen, fue analizada bajo el prisma de la Clasificación de la OMS en reuniones semanales. Cada tarde de miércoles, en horario de 16:30 a algo más de las 18:30, el ordenador era el nexo de unión entre el grupo Polibea y su asesor en Murcia. Los 400 kilómetros de distancia se salvaban mediante el uso de las modernas tecnologías de la comunicación que proporciona la conexión a través de Internet mediante vídeoconferencia.
La consigna era no tener prisa, pero nunca desistir. Con la serenidad que proporciona el convencimiento de que se estaba gestando un proyecto de largo alcance, se fueron sucediendo las conexiones semanales hasta que a mediados del mes de junio de 2005 se concluía la aplicación, completa, de la CIF a un caso de Polibea. En este intervalo hubo tiempo, incluso, para que todo el grupo de Polibea visitara y se reuniera en Murcia con Carlos Egea para poder tener un contacto más cercano y prolongado que vitalizara el proyecto.
El trabajo no se cerraba a las reuniones semanales. Entre tanto se daban pasos para crear una aplicación informática abierta que hiciera las veces de herramienta facilitadora para aplicar la CIF. El gestor de bases de datos más difundido en los paquetes ofimáticos, MSAccess, serviría para generar la aplicación y los trabajos de desarrollo corrían a cargo de Leandro, el informático que se sumaba como un nuevo elemento a este grupo.
La llegada del verano impuso un forzado receso en los trabajos, que habrían de retomarse una vez recuperada la normalidad tras el periodo estival.
Pero esas ya son otras historias que habrá que contar en otro artículo.

<< Home