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DERECHO A DIVERTIRSE
Tampoco es raro encontrar en la publicidad de un parque temático o de un hotel que se encuentra "adaptado para minusválidos" (aunque a mí me rechine la utilización de esos términos, prefiero que así se exprese a que no exista). Cada vez son más las playas en las que todos nos beneficiamos de la existencia de pasarelas y otros equipamientos que hacen más cómodo su disfrute. La presencia en nuestro entorno de personas con capacidades distintas se vive, cada día más, como un enriquecimiento social en lugar del lastre que parecía ser no hace tanto tiempo. Hasta se comienza a ver mal por parte de la generalidad de los ciudadanos el que se pueda limitar la presencia de ciertas personas en locales de ocio y la imposición de límites por parte de alguien pasa a ser noticia, mala noticia.
Se ha andado, se sigue andando, un camino difícil en pos de la equiparación de oportunidades para todos los ciudadanos. Es un camino cuesta arriba que requiere un esfuerzo sostenido. Donde cada metro superado desgasta nuestras mermadas fuerzas pero nos proporciona el aliento de la superación del escollo. Los logros de este camino se traducen en buenos momentos, en sonrisas y en el reconocimiento del derecho de una persona a poder pasar un buen rato, en su derecho a divertirse. Por eso, a pesar de esas duras rampas que nos hacen afrontar, es necesario seguir trabajando día a día. Es necesario plantear todas las demandas, por descabelladas que algunas veces nos hagan sentir que son.
Iniciativas como la de Turismo Polibea y su boletín mensual, donde se da cuenta de noticias e iniciativas en este campo del "turismo accesible", no sólo son necesarias sino que son ese bálsamo que buscamos en los momentos de decaimiento, ese linimento que alivia nuestra maltrecha mente tras los duros esfuerzos que supone comprender a un mundo tan poco solidario, tan irracional ante ciertas situaciones. Podrá parecer poco este preciado grano ante la inmensidad de un desierto sin límites. Pero suma su esfuerzo a otros, no demasiado numerosos lamentablemente, que tratan de poner cordura en el sin sentido de negar a seres humanos su derecho a divertirse.
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